El libro ‘Basque. La danza vasca’ de la colección dedicada a las expresiones vascas culturales, reeditado

Euskara. Kultura. Mundura.

12-04-2021

El mapa de danzas tradicionales vascas es rico y abundante, y también son muchos/as los/as vascos/as que practican tanto danza tradicional vasca como danza clásica y contemporánea, en contextos más locales o globales. Oier Araolaza Arrieta ha completado un libro sobre este tema, que ha denominado “lenguaje corporal vasco”: ‘Basque. La danza vasca’ es el segundo libro reimpreso (el primero ha sido el dedicado a la Arquitectura y Diseño) de una colección dedicada a doce expresiones culturales impulsadas por el Etxepare Euskal Institutua. Esa primera edición se hizo hace 8 años, y actualizada, toda la serie se lanzará este año.

Desde los bailes tradicionales locales hasta el teatro físico de vanguardia, Araolaza profundiza en la identidad de los bailes vascos. Considera que "gracias al compromiso de los/as vascos/as con su cultura, el rico y espectacular repertorio de danzas tradicionales ha sobrevivido y ha sabido innovar para adaptarse a los cambios sociales". El autor cree que por eso los/as bailarines/as vascos/as de hoy tienen acceso a un rico legado coreográfico y a un lenguaje creativo de danza contemporánea.

Explica cómo a partir del siglo XVI, los bailes con espadas, los de troqueo y los bailes de cuerdas han sido una de las formas de danza más extendidas en Euskal Herria. A continuación, examina la evolución y transformación que ha tenido lugar durante los últimos cinco siglos, así como el renacimiento cultural de la cultura vasca en el siglo XX.

Destaca la presencia de la danza en las fiestas invernales, desde la Noche de Ánimas y el día de Todos los Santos hasta el Miércoles de Ceniza. Varios grupos de jóvenes recorren el pueblo de caserío en caserío o de casa en casa, deteniéndose delante de cada portal para bailar y cantar y pedir un pequeño aguinaldo: comida o dinero. Se trata de las rondas de cuestación, tan importantes en toda fiesta de invierno que se precie: las colectas de pollo u oilasko-biltzeak del día de San Martín, los aguinaldos del día de San Nicolás, el día de Olentzero, las cuestaciones de Santa Águeda, las colectas o puska-biltzeak de carnaval... Y por supuesto, el autor se detiene en las mascaradas de Zuberoa.

Los jóvenes de una localidad se encargan de preparar las mascaradas y llevarlas de pueblo en pueblo. En los últimos años, la duración de las mascaradas se suele prolongar desde el segundo o tercer fin de semana de enero hasta el Domingo de Pascua.

Los primeros carnavales del año se celebran en Lapurdi a finales de enero o a primeros de febrero, y tienen como personaje principal a los kaskarots. Ataviados con floridos sombreros y cintas y adornos de gran colorido, y con un palo entre las manos, organizados en grupos de ocho, ejecutan un sinfín de bailes, sobre todo danzas de la manzana o sagar-dantzas y danzas de palos o makila-dantzas.

Todas las estaciones

Con mayo comienzan las fiestas de pueblo en pueblo y el calendario festivo no tiene descanso hasta octubre. Es época de baile de espadas, baile de troqueo y baile de cuerdas.

El 3 de mayo, día de Santikutz, comienza en la localidad de Legazpi (Gipuzkoa). la temporada de los bailes de espada, y se traslada en las próximas semanas a diferentes localidades: Donostia-San Sebastián, Zumarraga, Tolosa, Markina-Xemein, Deba, Lesaka y Bera, entre otras.

Por otro lado, cabe destacar que el dantzari-dantza o ezpata-dantza de la zona del Duranguesado es uno de los bailes troqueo más populares. En Rioja Alavesa, Eltziego o Guardia también ofrecen bailes de troqueo, y en Villabuena y Oion, se hicieron hasta el siglo XX.

El florecimiento de la tradición

El autor del libro explica después cómo en la segunda mitad del siglo XX, el grupo Argia revolucionó la danza del momento. Bajo la dirección de Juan Antonio Urbeltz, "Argia creó una gran ola para explorar las raíces de los bailes tradicionales, comenzar a coleccionar el folclore local y poner en valor, recuperar y recrear el patrimonio coreográfico tradicional". La dirección musical y los diseños de vestuario de Marian Arregi complementaron el trabajo del resto del equipo.

A través de exposiciones monográficas organizadas en torno a países y temas específicos, pusieron en circulación repertorios que a menudo estaban en la sombra, otras veces casi extintos y, a veces, completamente perdidos. Araolaza destaca especialmente la importancia de los programas monográficos de danza sobre Navarra (1970), Gipuzkoa (1972), Lapurdi (1974) y Zuberoa (1978).

Sin embargo, Araolaza cree que son los grupos locales los que cuidan y perpetuan los bailes de cada pueblo: el grupo Oñatz, los bailes de Oñati del día del Corpus Christi, Oinarin, los bailes de troqueo de Antzuola o el grupo Oinkari, los bailes de carnaval de Beskoitze. Señala también que en otras ocasiones han sido grupos de grandes pueblos y capitales los que han mantenido otros repertorios de danza.

Por otro lado, el número de agrupaciones que crean espectáculos basados ​​en danzas folclóricas ha aumentado en los últimos años. En la primera mitad del siglo XX, los grupos Olaeta, Oldarra, Etorki y Schola Cantorum se destacaron del camino abierto por Saski Naski, Eresoinka y Elai-Alai.

En la actualidad, Aukeran y Kukai son los dos grupos más destacados que ofrecen espectáculos de estética moderna basados ​​en la danza tradicional vasca. Araolaza también menciona la compañía Haatik, dirigida por el bailarín Aiert Beobide, los espectáculos propios del grupo Oinkari y sus colaboraciones con grupos de teatro y música de Villabona, y la danza vasca impulsada por el colectivo Lapurdin Bilaka.

Araolaza también ha incluido en el libro a bailarines/as vascos/as con trayectoria profesional en los teatros de ópera y compañías de ballet más prestigiosas del mundo, realizando un mapa de la diáspora que danza.

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