«Hacer la obra de teatro en euskera la acerca más a la realidad de lo que fue Egunkaria»

Euskara. Kultura. Mundura.

26-04-2021

El 29 de abril se presentará en Madrid la versión en euskera de la obra de teatro ´Los Papeles de Sísifo´. Por ello hemos realizado una breve entrevista a Fernando Bernués, director de la obra. ´Los papeles de Sísifo´, nos invita a recordar el caso ´Egunkaria´ y a reflexionar sobre la justicia, la separación de poderes y la profesión del periodismo. La obra es una coproducción entre el Centro Dramático Nacional (CDN) y Antzerkiz (Teatro Arriaga de Bilbao, Teatro Principal de Vitoria y Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián) y podrá verse en el Teatro María Guerrero de Madrid hasta el 2 de mayo. El próximo jueves y viernes, 29 y 30 de abril, se podrá ver la versión en euskera con subtítulos en castellano.

- ¿Cuál fue la génesis de la obra?

- ‘Los papeles de Sísifo’ surge de las ganas de indagar en uno de los episodios más oscuros de nuestra democracia. Siempre he tenido muy presente aquel hecho, y pasados unos años de la clausura del periódico, me parecía que aquel acontecimiento pedía ser observado desde una mirada más sosegada. Hubo, además, otro suceso que también despertó mis ganas en hacerla. El mismo año del cierre de Egunkaria abuchearon a Fermin Muguruza al recoger el premio a la mejor canción vasca. Yo codirigía aquella gala de la VII. Edición de los Premios de la Música. Indignado y con lágrimas en los ojos, pensé que algún día habría que hablar de ese hecho. De todo eso nace la idea de abordar los temas de los que se habla en la pieza teatral. Se lo propuse a Harkaitz Cano, y nos hemos pasado los último siete años trabajado en sucesivas versiones de la obra.

- Cano utiliza el mito de Sísifo para formar paralelismos con los hechos que se dieron aquel 2003; Sísifo, que había encadenado a la muerte e impedido así que muriera más gente, fue condenado a subir, cada día, una piedra a una enorme montaña.

- Sí, en efecto, Sísifo estaba condenado a subir una y otra vez la piedra a la montaña. Este mito lo hemos utilizado como metáfora de levantar de nuevo un periódico. Además, como suele decir Harkaitz, todos los periódicos se crean desde cero cada día.

- ¿Por qué encargo el proyecto a Cano y que mirada ha aportado?

- Primero, porque me gusta mucho su trabajo. También porque hacía tiempo que teníamos ganas de trabajar juntos. Además, en este caso me interesaba mucho que la pieza contara el cierre de Egunkaria, pero que no fuera un estricto relato documental, sino que abriera más frentes. Por ejemplo, partir de hechos reconocibles y distorsionarlos hasta llevarlos a un territorio de ficción, en el que, aun inspirándose en hechos reales, puedan también abarcarse otros temas. Por eso se lo propuse a Harkaitz. Es su primera obra teatral, pero ya lo había visto usar un elemento reconocible de un suceso real y trabajar a partir de él un escenario ficticio, como en la novela ‘Twist’, en la que coge el caso Lasa y Zabala y construye una narración que va más allá de lo sucedido en sí mismo. Por eso era la persona ideal.

- La música de Ikerne es igualmente importante…

- A mí me encanta trabajar con música en directo desde el principio, que la música, de alguna manera, también esté presente en las primeras lecturas, que la música crezca junto a la función. Anduvimos los dos desde las primeras lecturas buscando texturas, improvisando in situ y sacando poco a poco la partitura. Pensando en cuál podía ser el instrumento que pedía esta función, me pareció que la pulsión de una guitarra eléctrica era la más adecuada, ya que podía ir desde momentos muy intensos hasta momentos de balada. Además, Ikerne estaba trabajando con nosotros en la escenografía y tiene suficiente experiencia como guitarrista. Se lo propuse y aceptó.

- ¿Cuál ha sido la reacción del público en las funciones realizadas hasta ahora?

- En general, muy buena, llena de mucha complicidad y cercanía. El estreno en Vitoria, por ejemplo, tuvo algo catártico. Tengo la impresión de que aplaudieron algo más que la obra de teatro. La pieza evoca un momento muy doloroso para la sociedad vasca, tiene ese tono de cercanía en Euskadi. En Madrid, sin embargo, no hemos sentido esa cercanía hacia los personajes, muchos desconocidos para la mayoría. Lo que sí hemos sentido ha sido un gran reconocimiento y que la gente está muy contenta de acercarse a una realidad que le era ajena.

- La del jueves que viene, día 29, será la primera vez que se presente esta obra en euskera fuera del País Vasco.

- Eso es. La versión castellana funciona por convención, es decir, tiene éxito porque asumimos que todo el mundo sabe castellano. Pero en la medida en que el euskera forma parte de la esencia de Egunkaria, decidimos que la puesta en escena en euskera era imprescindible. La acerca más a la realidad.

- ¿Cómo fue el proceso de selección de los actores y actrices y cómo está siendo el trabajo?

- Como conozco a muchos actores vascos no tuve que hacer casting, sino pensar en las personas más adecuadas para cada papel. La clave fue fijarse en las características de los actores y actrices. Por eso, en algunos casos, diferentes personas interpretan al mismo personaje en euskera y castellano. Por otro lado, siendo un proyecto que se prolongará en el tiempo, es difícil elegir un equipo permanente. A mí me gusta trabajar según el actor o la actriz. No busco predeterminados resultados desde el principio. Suelo trabajar basándome en las virtudes de cada intérprete. En ese sentido, he tenido la suerte de haber podido trabajar con gente que conozco bien.

- A los ensayos han acudido personas que vivieron el proceso del cierre del medio, como el que fuera director de Egunkaria, Martxelo Otamendi, y la viuda e hija de Joan Mari Torrealdai, uno de los fundadores de Egunkaria.

- Este elemento ha sido muy importante para nosotros. Desde el principio hemos contado con la complicidad y la ayuda de Martxelo Otamendi. Ha sido un cómplice constante, y su ayuda, inestimable. Los afectados por el caso y sus familiares vinieron a ver el primer ensayo abierto. Fue muy importante para nosotros. Creo que conseguimos hacerlos sentir cómodos, aunque la obra trate una herida que socialmente no está del todo cerrada. Nos dio mucha tranquilidad escuchar las palabras de agradecimiento de quienes vivieron el proceso. La obra supone encontrarse con esa dolorosa realidad, pero creo que está siendo emocionante para todos.

 

 

 

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