“Quiero transmitir la importancia de utilizar lo que sí saben de euskera a mis alumnos de Chile”

Euskara. Kultura. Mundura.

11-02-2021

Han recorrido un largo camino hasta llegar a Lazkao (País Vasco). Ya están a punto de terminar su estancia en el euskaltegi-barnetegi Maizpide, un centro en el que estudian el idioma y viven una inmersión lingüística. “No ha sido fácil, pero quisiera llevarme conmigo el ambiente que se respira aquí”. Lautaro Pincheira está contento con su estancia en el barnetegi. Está realizando una estancia de dos meses junto con otros diez compañeros de la diáspora vasca. Todos ellos vienen de Argentina, Chile y Uruguay.

Forman parte del programa Euskara Munduan de Etxepare Euskal Institutua, dedicado a impulsar el conocimiento del euskera entre las colectividades vascas o ´euskal etxeak´ de todo el mundo. Los residentes en Lazkao tienen como objetivo hacer un nivel de euskaldunización durante su estancia en Maizpide: los que tienen B2 harán C1; y los que tienen B1, B2. Después, impartirán clases de euskera en las euskal etxeak de sus ciudades de origen. En el caso de las personas procedentes de Argentina en Buenos Aires, Mendoza, Necochea, San Nicolás, Tres Arroyos y Villa María, y en Santiago y Montevideo, en el caso de las personas que han venido de Chile y Uruguay. El grupo comenzó a aprender euskera desde cero en 2013 y es la primera vez que se sumergen en el contexto euskaldun.

Pincheira trabaja en la Euskal Etxea Denak Bat de Mendoza, Argentina, enseñando euskera y cultura vasca. Empezó a trabajar allí hace dos años. A estudiar euskera, en 2004. Su bisabuelo era de Tolosa y recuerda cómo su abuela decía palabras en euskera.

Coincidió después, en la universidad, con jóvenes de Iparralde. “Ellos no sabían hablar en castellano y yo no hablo francés. El euskera es lo que teníamos en común”.

La experiencia de Pincheira es excepcional. Ha tenido un entorno euskaldun en Argentina. Aun así, la situación encontrada en Lazkao le resulta novedosa. A pesar de las restricciones causadas por las medidas sanitarias, él y sus compañeros viven en euskera en el pueblo. “Cuando cometo errores hablando en comercios o utilizando algún otro servicio me suelen contestar en castellano, hasta que se dan cuenta de que soy argentino. Entonces pasan a hablarme en euskera”, comenta.

Al chileno Christian Echeverría es justo esa inmersión lo que más le está gustando. “La maleta me llegó con una semana de retraso y tuve que ir a comprar ropa. Al hacerlo en euskera, me di cuenta de mi propia capacidad lingüística”, remarca.

Con naturalidad

En su caso, Echeverría habla en euskera con su ‘mintzalaguna’ (dinámica que junta a personas que tienen costumbre de hablar en euskara con aquellos que quieren practicarlo) en Chile. También durante las clases. Aun así, cree que un sentimiento de “artificialidad” rodea ese ambiente, ya que “al terminar la clase pasamos a hablar en castellano entre nosotros”.

“Lo que más estoy disfrutando es de la oportunidad de cometer errores, que me corrijan y poder consultar todas mis dudas”. Por eso,  quiere “transmitir la importancia de utilizar lo que sí saben de euskera a mis alumnos de Chile. Es indispensable que el aula sea un lugar donde solo se hable en euskera. Eso es lo que fomentaré: que el alumno, aunque tenga un nivel de conocimiento más básico, utilice eso que sí sabe.

Echeverría recorrió solo el camino hacia el euskera, después de cambiarse su apellido. Criado por su abuela, decidió tomar su nombre. Y empezó a preguntarse por su origen.

“Era una mujer muy silenciosa. Nunca nos ha hablado de donde proviene, no hablaba de sus antepasados. Di con su idioma después de que ella falleciera”, comenta.

Begoña Tisera sí escuchaba algunas palabras en euskera en casa –“sobre todo órdenes”, explica entre risas- . Su madre nació en Bilbao, pero no pudo aprenderlo debido a las prohibiciones de la época. Sus abuelos, en cambio, sí que lo hablaban, despertando así la curiosidad de Tisera.

Enseña y aprende euskera y cultura vasca en la Universidad de Rosario y en la euskal etxea de San Nicolás, en Argentina. El primer profesor que tuvo allí también había estudiado en Maizpide. Siente que, de alguna manera, está cerrando un círculo.

Intentará llevarse con ella el ambiente euskaldun de Lazkao. “Quiero utilizar mi experiencia para motivar a los estudiantes, y lo aprendido aquí para hacer que esa motivación perdure. Que hablen euskera con naturalidad”. Cree que esa es la clave.

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