EAS-EZE, diez años conectando el arte contemporáneo vasco con Buenos Aires
30/09/2026
EAS-EZEk hamar urte bete ditu euskal sorkuntza garaikidea Buenos Airesekin konektatzen. Jaime de los Ríos eta Mikel Otxotekok beren proiektuak aurkeztuko dituzte MUNTREFen.
Euskara. Kultura. Mundura.
EAS-EZE
Bitamine, junto con Etxepare Euskal Institutua, desarrolla el programa EAS-EZE con el objetivo de impulsar la investigación y la producción artística, acompañar la proyección internacional de los y las creadoras vascas y favorecer la movilidad y el intercambio cultural.
A lo largo de estos diez años, el programa se ha consolidado como una plataforma para la internacionalización del arte contemporáneo vasco, generando oportunidades de investigación, producción y conexión entre artistas, instituciones y contextos culturales diversos.
En línea con la misión de Etxepare Euskal Institutua de promover la presencia internacional de la cultura vasca contemporánea, EAS-EZE contribuye a fortalecer redes de colaboración y a abrir nuevos espacios de diálogo y visibilidad para la creación vasca en el ámbito internacional.
EAS-EZE cumple diez años conectando la creación contemporánea vasca con Buenos Aires. En esta edición, los artistas Jaime de los Ríos y Mikel Otxoteko presentan en MUNTREF – Museo de la Universidad Nacional de Tres de Febrero los proyectos desarrollados en el marco del programa, impulsado por Bitamine con la colaboración de Etxepare Euskal Institutua y MUNTREF. Las exposiciones se inauguran el 4 de octubre en la sede MUNTREF – Hotel de Inmigrantes y condensan dos formas distintas de aproximarse a la conexión: entre personas, redes, ciudades y territorios.
Jaime de los Ríos: Instrucciones para encender un diálogo
¿En qué consiste Instrucciones para encender un diálogo?
En realidad, es una historia de amor. Una historia de amor que ocurre cada día con cada uno de los mensajes que nos enviamos.
Cada mensaje que mandamos a través de internet se convierte, mediante el sistema binario, en pulsos de luz que recorren cables submarinos por todo el océano. Cuando escribes un mensaje, por ejemplo, a través de WhatsApp o Telegram, ese mensaje activa una especie de escultura de más de 15.000 kilómetros.
Es, de alguna manera, la escultura más grande de la historia: se forma entre dos personas y, al mismo tiempo, es la más efímera.
La obra parte de esa conexión entre dos personas y la convierte en una historia de amor contemporánea, entre un vasco y una chica de Buenos Aires.
¿Qué se va a encontrar físicamente el público en Buenos Aires?
En la exposición habrá una proyección, un vídeo de unos siete minutos, en el que se cuenta una historia de amor utilizando un lenguaje muy tecnológico: el lenguaje de los datos, de la red, de las IP y de los mapas.
La obra tiene también una dimensión web, de manera que cualquiera puede acceder a ella y reproducir ese ejercicio de conexión.
Me interesa mostrar que la tecnología no es algo abstracto. Tiene una materialidad y unas consecuencias materiales sobre la Tierra. Aunque hablemos de “la nube”, detrás existen infraestructuras muy concretas. La cuestión es si también podemos introducir algo de dulzura en esa materialidad tecnológica.
¿Qué supone para ti presentar por primera vez tu obra en Buenos Aires?
Es la primera vez que viajo allí, pero, en cierto modo, he estado muchas veces. Soy un lector acérrimo de Borges, me gusta Bioy Casares y he recorrido muchas veces esos laberintos que se bifurcan. Para mí es muy emocionante.
Además, esta obra supone un cambio total en mi creación. Normalmente trabajo con obras algorítmicas y tecnológicas, pero desde una dimensión no semántica, donde las palabras todavía no están escritas.
En este caso he abrazado una historia con muchas palabras. He querido construir una historia cortazariana escrita por Borges en el lenguaje contemporáneo de la tecnología.
¿Cómo ves actualmente la proyección internacional del arte vasco contemporáneo?
Creo que estamos en un momento de repensarnos y de construir nuevas formas de proyección.
Por eso programas como este son importantes para llevar la cultura contemporánea vasca al exterior, pero también para hacerlo desde una mirada crítica y conscientes de que todavía queda mucho camino por recorrer.
La práctica artística es algo muy pasional. De alguna manera, estás proyectándote a ti mismo constantemente. Por eso el acompañamiento institucional es importante.
Etxepare Euskal Institutua ha apoyado mi trabajo durante muchos años y Bitamine también. Cuando ese acompañamiento se mantiene en el tiempo, termina formando parte de tu propia práctica.
Creo que ahora se están activando nuevos proyectos, nuevas galerías y un nuevo ecosistema. Venimos de años difíciles, pero se percibe una reconstrucción, y ese apoyo permite que las prácticas artísticas tengan un alcance que de otro modo sería mucho más difícil conseguir.
Mikel Otxoteko: Buenos Aires, ecologías urbanas
¿En qué consiste Buenos Aires, ecologías urbanas?
Buenos Aires, ecologías urbanas pretende ser un instrumento de exploración de la ciudad y de visibilización de su realidad.
La instalación incluye cinco rótulos luminosos y, en el centro, un gran mapa de Buenos Aires inicialmente vacío. Ese mapa se va construyendo mediante la participación del público, a partir de fichas con frases relacionadas con la experiencia urbana.
A medida que las personas distribuyen esas fichas, se van generando zonas, acumulaciones y relaciones que ofrecen una lectura de la ciudad.
Para mí eso es fundamental porque soy consciente de que llego como un agente externo. No quiero definir Buenos Aires desde fuera, sino generar un dispositivo para que sean sus propios habitantes quienes construyan esa representación.
Buenos Aires es una ciudad enorme y diversa, formada históricamente por capas, movimientos migratorios y diferentes fuerzas sociales. La obra intenta hacer visibles algunas de esas relaciones.
¿Es una obra que se va construyendo con la participación del público?
Sí, aunque no la concibo tanto como una obra inacabada que necesita completarse, sino como un instrumento.
Me interesa que sea utilizado. El enfoque es plenamente artístico, pero lo importante es que funcione como una herramienta para explorar la realidad.
En proyectos anteriores he trabajado a partir de investigaciones largas y de estancias que me permitían entrar en contacto muy directo con el objeto de estudio.
En este caso existe una distancia. He decidido asumir esa distancia y convertirla en parte del proceso creativo, preguntándome cómo puede llevarme hacia otras formas de explorar la realidad.
¿Qué relación existe entre el proyecto, Buenos Aires y Euskal Herria?
La obra está vinculada a Buenos Aires, pero también a Euskal Herria.
Existe un vínculo histórico entre ambos territorios, construido a través de movimientos, relaciones e intercambios que han dejado huella en ambos sentidos.
Me interesa precisamente ese espacio de conexión: cómo un territorio se relaciona con otro y cómo esas relaciones históricas, sociales y ecológicas siguen produciendo nuevas lecturas en el presente.
¿Cómo ves actualmente el impulso a la internacionalización de los artistas vascos?
Creo que en los últimos años se percibe un gran impulso y mucha ambición, entendida en un sentido positivo. Para los artistas eso es fundamental.
Puedo hablar desde mi propia experiencia: mi práctica reciente también está atravesada por el apoyo de Etxepare y de otras entidades que están fomentando la internacionalización.
Ese acompañamiento permite establecer conexiones con otros contextos, trabajar desde otras perspectivas y ampliar el alcance de nuestro trabajo de una manera que, de otro modo, sería inviable o directamente imposible.